jueves, 15 de octubre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO 16 DE OCTUBRE DE 2026

 Lc 12,1-7: Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados.


En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban.

Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos:

«Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse.

Por eso, lo que digáis en la oscuridad será oído a plena luz, y lo que digáis al oído en las recámaras se pregonará desde la azotea.

A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más.

Os voy a enseñar a quién tenéis que temer: temed al que, después de la muerte, tiene poder para arrojar a la “gehenna”. A ese tenéis que temer, os lo digo yo.

¿No se venden cinco pájaros por dos céntimos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios.

Más aún, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados.

No tengáis miedo: valéis más que muchos pájaros».


Reflexión


Es una alegría y una esperanza saber que los pelos de nuestra cabeza están contados. De saber que no pasa nada que Dios no lo permita. Aunque respeta nuestra libertad, todo pasa según un plan superior que tiene como objetivo la salvación nuestra.


La humanidad se dirige hacia donde Dios la dirige. Esto no implica estar de brazos cruzados, sino al contrario, sentirnos colaboradores de su misión.

Ahí es donde Jesús nos advierte no ser como la levadura de los fariseos. Para ellos, la salvación no era gratuita sino que se basaba en los méritos. Por tanto, no es universal y no incluye a los malos. Es una levadura rancia, que no es capaz de fermentar la masa. En cambio, Jesús quiere otro tipo de levadura, la buena, la que fermenta la masa, mala y buena.

¡Sintámonos sus colaboradores!

miércoles, 14 de octubre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 15 DE OCTUBRE DE 2026

 Mt 11,25-30: Soy manso y humilde de corazón.

En aquel tiempo, exclamó Jesús:

-«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»


Reflexión


Aunque me suelo fijar en la frase que normalmente nos ponen a modo de título, resumen, o idea fuerza, me quiero fijar en otra expresión de Jesús.


En esta situación en la que estamos, me parece apropiada esta expresión de Jesús: venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré.


Tantas personas necesitamos ir a Él y llorarle, gritarle, desahogarle. Necesitamos expresar nuestros sentimientos desde la fe en Jesús y sentir su mano llena de ternura sobre nosotros. 


Quisiéramos que Dios se manifestara de manera poderosa ante esta fuerza de la naturaleza. Sin embargo, Jesús nos anuncia que el estilo de Dios es otro: soy manso y humilde. 


Por ello, recojamos la fuerza renovadora y pacificadora del abandono en Dios.

martes, 13 de octubre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 14 DE OCTUBRE DE 2026

 Lc 11,42-46: ¡Ay de vosotros, fariseos! ¡Ay de vosotros también, maestros de la ley!

En aquel tiempo, dijo el Señor:

«¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios!

Esto es lo que había que practicar, sin descuidar aquello.

¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y los saludos en las plazas!

¡Ay de vosotros, que sois como tumbas no señaladas, que la gente pisa sin saberlo!».

Le replicó un maestro de la ley:

«Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros».

Y él dijo:

«¡Ay de vosotros también, maestros de la ley, que cargáis a los hombres cargas insoportables, mientras vosotros no tocáis las cargas ni con uno de vuestros dedos!».


Reflexión


Ay de vosotros, ay de nosotros. Jesús carga contra los fariseos y maestros de la Ley. Podemos, y de hecho, lo hacemos, repetir los comportamientos de los fariseos.

En el evangelio de hoy tener en cuenta:


Pasan por alto el derecho y el amor de Dios. Nos hemos ido llenando de normas, rutinas, protocolos que hay que cumplir, verificar y están bien, en muchos casos. Pero no tienen el caso particular, la situación existencial de cada una de las personas. Muchas veces oigo la expresión: la ley es para todos. Y no tenemos en cuenta para hacer la comunión que aquel niño tiene a sus padres separados y cuando está con el padre no puede venir a misa o catequesis porque el padre vive en el otro lado de la isla….o muchas situaciones que hoy se dan que nos sacan de nuestros esquemas tradicionales.


Les encantan figurar, que les digan. Hoy se utiliza la palabra “postureo” para designar el aparentar y figurar. Hoy más que nunca se busca dar una imagen positiva (muchas veces falsa) de mi vida. También queremos que se nos nombre, que se nos agradezca, que se nos tenga en cuenta. Y puede ser humano, pero hay situaciones en las que si no recibo esta compensación, no hago las cosas. Estamos perdiendo el norte, porque nos olvidamos que somos unos instrumentos del Reino de Dios y Dios es el que nos recompensa y generosamente, como vimos en el pasado fin de semana. 


Cargas insoportables a los demás y no les ayudan. Podemos poner muchos requisitos que no pueden cumplir, llegar, la mayoría de las personas, y lo peor de todo: que no los ayudamos, no les damos opciones si no cumplen con la vara de medir que hemos creado nosotros. 


En definitiva, tenemos que estar atentos a no reproducir esos comportamientos de los fariseos, que fueron reprobados enérgicamente por Jesús.

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 13 DE OCTUBRE DE 2026

 Lc 11,37-41: Dad limosna, y lo tendréis limpio todo.

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuese a comer con él.

Él entró y se puso a la mesa.

Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo:

«Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad.

¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo”.


Reflexión


En el evangelio de hoy, hay una de tantas disputas con los fariseos. En este caso, en casa de uno de ellos, y con motivo de la comida, Jesús corrige y educa en la verdadera religión.


El fariseo se fijó en que Jesús no cumplía en uno de los preceptos pequeños como lavarse las manos. En algún momento se nos ha insistido en el cumplimiento escrupuloso de las normas como signo de amor a Dios.


Quien ama a Dios, cumple las normas, porque cumple su voluntad. Pero como pasa con los fariseos, es que se afanaban en lo pequeño, pero se olvidaban u obviaban lo más grande.


Podríamos entender que la “palabrita” de hoy se resume en generosidad, pero yo creo que lo podemos resumir en autenticidad (dad limosna de lo de dentro).


Permíteme que les lea algunas de las palabras del Papa León en el Corpus de Madrid: “nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano […]. No se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión, a cambiar la mirada, a acoger su presencia que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo”

jueves, 8 de octubre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 9 DE OCTUBRE DE 2026

 Lc 11,15-26: Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.

En aquel tiempo, habiendo expulsado Jesús a un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: 

«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». 

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: 

«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. 

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín. 

El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama. 

Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por lugares áridos, buscando un sitio para descansar, y, al no encontrarlo, dice: 

"Volveré a mi casa de donde salí". 

Al volver se la encuentra barrida y arreglada. 

Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. 

Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio».



Reflexión


Hay una ley que tiene como título "Solo sí es sí”. No quiero entrar en detalles de la ley, sino sólo enunciar su nombre popular para hacer referencia al evangelio.


Podríamos decir que la fe cristiana (es cristiana), y sólo sí es sí, referido a que en ella todo es en relación a Jesús. Jesús lo es todo, el principio, el final, el medio, el camino, la verdad y la vida. Sin Él nada y con Él todo. No hay otro camino, no hay otro Salvador.


En la fe cristiana no hay neutralidad. La vida cristiana no consiste en ser bueno o en no hacer el mal. Consiste fundamentalmente en tener a Jesús como el centro, el referente. Tenemos que tener el corazón lleno de Jesús, abierto a Él.

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 8 DE OCTUBRE DE 2026

Lc 11,5-13: Pedid y se os dará.


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 

«Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice: 

“Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquel le responde: 

“No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. 

Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre. 

¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? 

Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?».


Reflexión


Muchas veces nos da la sensación de que el Señor no nos escucha. En la parábola de hoy, podemos descubrir la disposición de Dios a escuchar nuestras súplicas. Y también nos invita a ser luchadores: pedid, llamad, buscad.

Tres verbos que nos hablan de necesidad. Podemos tener necesidad de muchas cosas, de cariño, de seguridad, de un techo, de la estima, de honor. ¿Tenemos necesidad de Dios? Perdona que haya hecho esta pregunta que da la sensación que no viene a cuento, pero el texto termina aclarando que es lo que el Señor nos da a los que le pidan: el Espíritu Santo.


Ese es el gran don de Dios y nuestra gran necesidad y petición. Es el mismo espíritu que creó el universo, el mismo espíritu que guió a Jesús y a tantos santos. Es nuestra luz, fortaleza, guía, ánimo... En definitiva, es el AMOR del Padre y del Hijo.


Término con la secuencia del Espíritu Santo, para que lo pidamos.

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre;

don, en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.


Entra hasta el fondo del alma,

divina luz, y enriquécenos.


Mira el vacío del hombre,

si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado,

cuando no envías tu aliento.


Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas,

infunde calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.


Reparte tus siete dones,

según la fe de tus siervos;

por tu bondad y gracia,

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén. 

martes, 6 de octubre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 7 DE OCTUBRE DE 2026

 Lc 11,1-4: Señor, enséñanos a orar.

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:

-Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.

El les dijo:

-Cuando oréis, decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación».


Reflexión


Señor, enséñanos a orar. ¡Cuánto nos olvidamos en nuestra oración de pedirle que nos enseñe! Igual que aquel personaje que tenía fe, pero dudaba y pedía aumentar su fe. 


Así deberíamos también nosotros pedirle al Señor que nos enseñe:

a orar,

a esperar,

a confiar,

a escuchar,

a interpretar,

a contemplar,

a meditar,

etc.


Jesús, comienza esa enseñanza con la palabra mágica: Padre. Orar es aprender a decir Padre.