martes, 29 de septiembre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 30 DE SEPTIEMBRE DE 2026

Lc 9,57-62: Te seguiré adondequiera que vayas.


En aquel tiempo, mientras Jesús y sus discípulos iban de camino, le dijo uno:

«Te seguiré adondequiera que vayas».

Jesús le respondió:

«Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».

A otro le dijo:

«Sígueme».

Él respondió:

«Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».

Le contestó:

«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».

Otro le dijo:

«Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».

Jesús le contestó:

«Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».



Reflexión


Jesús no quiso fieles “obedientes”, sino “seguidores” sin más. Sin nada más. Lo cual quiere decir esto: lo que define la relación con Jesús no es la obediencia, sino el seguimiento. Este evangelio nos lo deja claro, ser cristiano es seguir a Jesús con todas las consecuencias. Y esto al momento de anunciarnos Lucas la decisión de ir a Jerusalén. 



Lucas pone al descubierto que, si se asume el seguimiento de Jesús, pueden entrar en conflicto diversas lealtades, quizá las más serias lealtades de la vida.

Se trata concretamente de tres lealtades fundamentales:


1) Renuncia al status: estar dispuesto a perder seguridades, instalaciones y dignidades, para verse, si es preciso, peor que las alimañas del campo.


2) Renuncia a las convicciones religiosas tradicionales: eso es lo que significa la renuncia a enterrar al propio padre, ya que, para los piadosos judíos de entonces, el último servicio a los muertos era considerado como la cima de todas las buenas obras de la Ley.


3) Renuncia a ataduras que impiden el servicio incondicional al Reino: es la libertad ante los vínculos de sangre que más condicionaban a la gente en el modelo de familia patriarcal.


¿Qué hay detrás de estas exigencias tan radicales? La radical humanidad de Jesús hecha pasión dominante y determinante en la vida de una persona. No por motivaciones emocionales o afectivas, sino por la comunión en un mismo proyecto: el proyecto del Reino, que es el proyecto por la vida, por la seguridad y dignidad de la vida, por la felicidad de la vida para todos por igual. Y, sobre todo, el proyecto de vivir de tal manera que nada ni nadie me impida contagiar la bondad que nos hace felices y hace felices a los que conviven con nosotros. Cuando eso pasa, de ser una “ideología” a ser una “convicción” que genera unos hábitos de vida, he ahí lo que es el seguimiento, que, con Jesús, hace el camino hacia Jerusalén.

lunes, 28 de septiembre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 29 DE SEPTIEMBRE DE 2026

Jn 1,47-51: Veréis a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: 

«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». 

Natanael le contesta: 

«¿De qué me conoces?». 

Jesús le responde: 

«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». 

Natanael respondió: 

«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». 

Jesús le contestó: 

«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». 

Y le añadió: 

«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».


Permítanme que les ponga la homilía de la Fiesta de San Miguel del año 2022


 Llevamos varios días meditando sobre esta lectura de la carta de San Pablo a los Efesios, y más en concreto a la simbología de los atuendos de los guerreros, que vemos que también los tiene en su imagen. Nombramos la coraza de la justicia, el escudo de la fe y el yelmo de la salvación. Pero nos faltó la cintura ceñida con la verdad, los pies con la prontitud para el evangelio de la paz y la espada del Espíritu que es la palabra de Dios. Así tenemos una visión completa.

Veremos de una manera breve cada una de ellas:


Coraza de la justicia


Decíamos que la coraza de la justicia era una coraza para mis relaciones con Dios y con las personas. Unas relaciones justas, basadas en el respeto, en la verdad, en la coherencia, en la lealtad, en la verdad. Esta relación justa con Dios consistía en considerarnos “agraciados” de su amor, salvados gratuitamente. Es reconocer que el Señor ha tenido misericordia de nosotros y de nuestros pecados. Una relación justa con Dios es reconocer que todo lo recibimos de Él.

Esta coraza nos protegía de la tentación del desánimo, del orgullo, del engreimiento.


Escudo de la fe


Al día siguiente buscábamos embarazarnos el escudo de la fe. Este escudo nos defendía de las insidias del enemigo. Insidias que nos ponen en grave peligro con relación a nuestro amigo. Sin embargo, San Pablo, nos invita a esperar cuando se ha perdido toda esperanza. 

Ante ello la fe nos defiende de las fuerzas oscuras.

La fe es la actitud fundamental del hombre frente a Dios.

La fe es un acto libre y espontánea por el que nos adherimos personalmente a Dios en Cristo. Por tanto, la fe es, antes que nada, la entrega personal de nosotros a Dios, nuestra correspondencia a la palabra de Dios.

La fe es en una persona es consagración y entrega personal a Jesús como el Salvador, a Dios Todopoderoso.

La fe es también una mirada que penetra los acontecimientos y las situaciones, los estados, de manera que podamos descubrir la mano de DIos en todo.

Es por tanto, un escudo muy fuerte y poderoso, por más que las fuerzas del mal puedan ser intensas, porque podemos descubrir como Dios actúa de un modo grandioso en nosotros y como toda nuestra jornada es un milagro de Dios, un don suyo y gozar de esta participación que Dios nos da en su extraordinario fuerza y poder, los mismos con los que resucitó a Cristo y se manifiestan ahora en nosotros. Y esto es indestructible. 

A través del espíritu de fe, debemos hacer de esta un escudo contra las mezquindades, las trivialidades de la vida cotidiana, que tiende de continuo a hacernos ver los aspectos mezquino bajos y de poco esplendor de la vida.

A través del escudo de la fe debemos rechazar las tentaciones de restringir nuestra vida a un significado mezquino y de considerarla en su globalidad tal como Dios la va realizando cada día.

 

Yelmo de la salvación


Por último, anoche le pedíamos a San Miguel que nos coloque el yelmo de la salvación. Decíamos que no nos lo poníamos nosotros, sino que lo recibíamos de Dios.

Recibir el yelmo de la salvación era participación de la pasión de nuestro Señor Jesucristo y esto lo hacíamos en la vida cotidiana en nuestras humillaciones, cuando experimentábamos debilidad en el cuerpo, en la psique, en el espíritu. Pero también decíamos que la humillación fundamental era el reconocer saber que todo lo recibimos, que nada es nuestro, que podemos hacer muy poco por nosotros mismos y por los demás; más aún que en realidad no podemos hacer nada frente a Dios, que todo es don suyo. Ésta es la humildad fundamental en nuestra vida.

Este yelmo de la salvación nos protege también de todas formas de vanidad, de la vanagloria que nos hace perder la cabeza


Cintura ceñida con la verdad


Pero en el texto también se nos pide que nos ciñamos la cintura con la verdad. En la Biblia ceñirse la cintura es sinónimo de prontitud, prontitud a hacer algo, disponibilidad. San Pablo nos pide disponibilidad para la verdad se refiere a todo el plan de Dios. Esa es la verdad total del Universo. Es un plan de salvación, del que no debemos despistarnos, por ello, todo lo que Dios quiere es que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Eso significa que cualquier pequeño punto del plan, (que podríamos ser nosotros), es una pieza de un engranaje mayor, que pretende conseguir ese fin. 

Cualquier llamada que nos haga Dios es visto solamente dentro del PLAN.


Los pies con la prontitud para el evangelio de la paz


Es evidente que esta expresión es parecida a la anterior, nos invita a estar preparados para esa misión, en este caso, el evangelio de la paz. En San Pablo, es derribar el muro de separación, el muro de la división. Nos invita a estar prontos para el evangelio de la reconciliación, a la fraternidad, al entendimiento. Esta paz y entendimiento produce alegría, la alegría interior y profunda. El mayor arma contra el mal. Esta paz nunca será equilibrio, sino también participación en la ofrenda de Jesús cuando todo se pone complicado, porque no podemos nosotros, como ya hemos visto, y sobretodo, porque nunca es obra nuestra. 


La espada del espíritu que es la Palabra de Dios


Por último, San Pablo nos invita a utilizar la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios. En realidad la Palabra de Dios es nuestra mayor arma, de la cual se derivan las anteriores. Porque la Palabra de Dios contiene toda la verdad y la Palabra alimenta nuestra fe, nos ilumina para tener unas relaciones más justas entre nosotros y con Dios.

Es una espada porque es un arma afilada que permite separar, distinguir entre lo bueno y lo malo, por ello, ésta es faro, luz, esperanza de todas las demás. armas.


En definitiva, San Pablo nos anima a vestirnos con cada una de estas armas, para el combate que cada uno tiene que batallar cada día hasta el final de los tiempos. Recuerda, Dios nos ha dado una serie de armas poderosísimas, capaces de destruir el mayor enemigo que tenemos. Sobre todo porque las armas, son Él mismo regalándonos su amor, su gracia, sus dones. Tenemos sus armas, pero nosotros no somos las armas. Las armas son Dios en nuestra vida.

domingo, 27 de septiembre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 28 DE SEPTIEMBRE DE 2026

Lc 9,46-50: El más pequeño de vosotros es el más importante.

En aquel tiempo, se suscitó entre los discípulos una discusión sobre quién sería el más importante.

Entonces Jesús, conociendo los pensamientos de sus corazones, tomó de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo:

«El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Pues el más pequeño de vosotros es el más importante».

Entonces Juan tomó la palabra y dijo:

«Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no anda con nosotros».

Jesús le respondió:

«No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro».


Reflexión


Los evangelios nos relatan la “obsesión” que tenían los apóstoles con quien es el más importante. Y es que los apóstoles no eran de otra carne y sangre sino de la misma que nosotros. 


Nosotros, igual que ellos, en nuestro ADN está la relevancia, la consideración social, la estima, la dignidad… y hoy diríamos el “postureo”, el figurar, el aparentar. Y no sólo externamente sino también internamente, estar en mejores puestos, y puestos de relevancia y así nos consideramos mejores.


Esto trae consigo dos problemas: creernos mejores que los otros y ir sustituyendo a Dios para prescindir de Él.


Sin embargo, la respuesta de Jesús va en el sentido contrario, dado que elige a un niño, quien no tenía ninguna relevancia social. Jesús nos dice que tenemos que renunciar a esa manera de mirar la vida y el mundo. Jesús nos invita a tener otras categorías o escala de valores. 


Y no contento con eso, también invierte los valores. El más grande es el más pequeño. Y esto tiene el sello de Dios, que elige siempre a los pequeños, tanto es así, que eligió encarnarse en un hombre pequeño, de una familia pequeña, en un pueblo pequeño y de una nación pequeña.

jueves, 24 de septiembre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 25 DE SEPTIEMBRE DE 2026

  Lc 9,18-22: Tú eres el Mesías de Dios. El Hijo del hombre tiene que padecer mucho.


Una vez que Jesús estaba orando solo, lo acompañaban sus discípulos y les preguntó:

«¿Quién dice la gente que soy yo?».

Ellos contestaron:

«Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas».

Él les preguntó:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

Pedro respondió:

«El Mesías de Dios».

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Porque decía:

«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».



Reflexión


En este evangelio, que con rasgos parecidos lo vemos en los tres sinópticos, la afirmación central es la de Pedro: El Mesías de Dios.


Sin embargo, Pedro y los demás apóstoles, ¿y nosotros?, yerran en la interpretación (no lo vemos en Lucas). Y es normal, porque Jesús hace nuevas todas las cosas. En aquel tiempo, el Mesías es un título que se le daba sobre todo a los reyes. Sin embargo, Jesús, no será un mesianismo dominador, impositivo, dotado de fama, honor y privilegios. Todo lo contrario: su vida se encamina directamente a Jerusalén, donde va a sufrir mucho, donde va a ser excluido, rechazado, condenado y ejecutado.


Por ello, Jesús prohibió terminantemente que se lo dijeran a nadie, porque pudieran dejarse llevar por la interpretación predominante y esperar otra cosa.


En el colmo de la paradoja, este Mesías, que es el enviado de Dios, el esperado, el Ungido, será rechazado y condenado por las autoridades religiosas, por la religión oficial, por los “creyentes”.


Y esto último puede seguir pasando hoy en día. Seguimos queriendo un Mesías triunfante y condenamos al Mesías sufriente, que es el real. Tantas veces en nuestra vida no terminamos de aceptar la cruz y renegamos del Dios de la Cruz y nos vamos a los brazos del Dios del éxito y del “todo está bien”, que ¡ojo!, podrá ser el ángel de luz bajo piel de cordero.


Mesías sólo hay uno, y en la forma en la que se nos presentó, no busquemos otro. Por ello, al ir a la pregunta del principio: ¿qué respondemos sobre Jesús en nuestra vida?

miércoles, 23 de septiembre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 24 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 Lc 9,7-9: A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?


En aquel tiempo, el tetrarca Herodes se enteró de lo que pasaba sobre Jesús y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, en cambio, que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Herodes se decía:

«A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?».

Y tenía ganas de verlo.



Reflexión


Muchas veces, queremos hacernos a un Jesús a nuestra medida. Pero es imposible, siempre nos sorprenderá, es inabarcable. Con el permiso, permíteme que añada un texto de José Luis Martín Descalzo.


Espero que suscite en nosotros unas tremendas ganas de conocer y ver a Jesús. «¿Quién es este por quien tantos han muerto, a quien tantos han amado hasta la locura, de quien tantos han abusado para imponer sus dogmas personales y sus intereses? Desde hace dos mil años, su nombre ha estado en boca de millares de mártires y también -iay!- en boca de asesinos más o menos legales. Su doctrina inflamó el corazón de san Francisco de Asís y también -¡ay!-las hogueras de la intolerancia. Discípulos suyos se llamaron los santos, que abandonaron todo para seguirle, y discípulos suyos nos llamamos quienes hemos logrado -¡por fin!- compaginar su amor con el dinero. En su fe se inspira la monjita que en África abraza a los leprosos y en su fe creen inspirarse algunos que hoy toman la metralleta guerrillera y revolucionaria. A Él invocan el monje trapense que renuncia hasta a ser propietario de su palabra y el especulador que se santigua con gesto mecánico antes de festejar su último triunfo bolsístico. ¿Quién es, quién es este personaje que cruza de medio a medio la historia como una espada ardiente y que produce frutos tan opuestos de amor o de sangre, de entrega o de violencia, de locura o de vulgaridad ¿Quién es y qué hemos hecho de Él, cómo hemos usado o traicionado su voz, qué jugo misterioso o maldito hemos sacado de sus palabras? ¿Es fuego u opio? ¿Es bálsamo que cura, espada que hiere o morfina que amodorra ¿Quién es? ¿Quién es? Pienso que el hombre que no ha respondido a esta pregunta puede estar bien seguro de que aún no ha comenzado a vivir y de que no es digno de pisar sobre la tierra que esa su sombra cruza para bendición o terror. (...) Albert Schweitzer ha llegado a afirmar que todos cuantos han tratado de contar la vida de Jesús han terminado contando la de «su» Jesús y proyectando sus preocupaciones religiosas y las de su generación sobre la verdadera historia del carpintero de Nazaret. Pero ¿es que esa verdadera historia es posible? ¿No será Cristo como un prisma con demasiadas caras, tantas que nunca será abarcable por un hombre en una sola vida humana y aun por toda una generación? (...) Y..., sin embargo, habría que buscar, habría que bajar a ese pozo. ¿Con la esperanza de llegar a entenderle? No, no; sabemos de sobra que nunca llegaremos a eso. La historia de veinte siglos nos enseña que todos cuantos han querido acercarse a Cristo con sus inteligencias siempre se han quedado a medio camino. Pasó ya así cuando Él vivía. Los que estaban a cada hora a su lado tampoco le entendían. Les desbordaba. Un día les parecía demasiado Dios, otro demasiado hombre. Le miraban, querían entender su misterio. y lograban admirarle, amarle incluso, pero nunca entenderle (...). Y, sin embargo, Él es la gran pregunta que todo hombre debe plantearse, aun con la seguridad de que toda respuesta quedará a medio camino (...) Quizá la suma de todos nuestros afanes por entenderle se parezca un poco a su rostro verdadero: el rostro santo que nos hace saber que sigue valiendo la pena de ser hombre, el rostro de la santa humanidad de nuestro Dios.»

martes, 22 de septiembre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 23 DE SEPTIEMBRE DE 2026

Lc 9,1-6: Los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos.

En aquel tiempo, habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. 

Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: 

«No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno. 

Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. 

Y si algunos no os reciben, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de vuestros pies, como testimonio contra ellos».

Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.



Reflexión


No llevéis nada para el camino". Me impresiona esta frase del Maestro. Me cuestiona mucho, como hemos variado en la Iglesia la forma de entender el ministerio y la predicación. No hace falta llevar nada, sólo hace falta llevarlo a Él y llevarse a uno. Muchas veces hacemos muchas actividades, pero en las cuales, nos olvidamos de llevarlo a Él. Está claro, que todas las actividades son en su nombre. Pero, como dice el Papa en la Porta Fidei, "ya no podemos suponer la fe". Este evangelio es para mí un fuerte acicate y produce una gran reflexión sobre lo que hago y si en ello, llevo al Señor; o soy consciente de que el Señor está en lo que hacemos. Por otro lado, me parece que el texto me sugiere otra cosa: no sólo hay que llevarlo a Él, sino que también, la predicación y la misión es una entrega personal. San Pablo lo decía "deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas". No es una "misión" con unos "objetivos", es una entrega de la vida. Pidámosle al Señor que nos ayude a "caer en la cuenta" y vivirlo. 

lunes, 21 de septiembre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 22 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 Lc 8,19-21: Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.

En aquel tiempo, vinieron a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él.

Entonces le avisaron:

«Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte».

Él respondió diciéndoles:

«Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».



Reflexión


El texto que nos presenta la liturgia de hoy, de Lucas, lejos de presentar polémica con la familia de Jesús, como si parece plantear Marcos y Mateo, es ocasión de Jesús para hablarnos de la familia del espíritu.


Digo que no plantea división o polémica porque Lucas nos relata “quieren verte”. La familia es importante, pero más importante es la nueva familia.


De hecho, la palabra Iglesia se traduce como convocación, reunión. Jesús quiere recalcar que esta nueva familia, para ser verdadera familia, tiene que basarse en la escucha de la Palabra de Dios y cumplirla. Y por otro lado, la escucha de la Palabra crea un vínculo más grande.


Ya lo dijo, cuando compartimos la fe, que es lo más profundo e íntimo, la relación es más profunda, fuerte y limpia.


Y un tema muy importante es la escucha de la Palabra. En todos los lugares que nos hablan de la escucha activa salen estas características: atención plena, suspensión del juicio.


Atención plena no sólo quiere decir, que estemos atentos, sino que tengamos plena conciencia que se está diciendo para mí.

Atención plena quiere decir, que estoy dispuesto a modificar mi vida, mis costumbres, mi orientación, mis pensamientos y opciones. 

Aquello que nos decía D. Bernardo: pensar como Cristo, sentir como Cristo y actuar como Cristo.

¿Estoy dispuesto a ello?

¿Estoy dispuesto a qué la Palabra nos transforme por dentro, o quiero seguir con lo “mío”?

Entonces engendraremos a Jesús en nuestra vida.