Lc 12,35-38: Bienaventurados los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.
Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos».
Reflexión
HOMILÍA DEL SEMINARIO
El jueves tenemos que estar alerta porque van a sonar los móviles. Un simulacro de erupción volcánica. Tenemos que practicar para que sepamos lo que tenemos que hacer.
El evangelio nos habla de estar alerta o vigilar. Es una actitud que debe ser permanente.
Dos maneras de vigilar:
- Tened ceñida la cintura: estar prontos para ayudar, para servir (nos habla de señor), otro comentarista dice: “dispuesto a salir de viaje”. María tenía ceñida la cintura (hágase, tb las bodas de Caná), Jesús también.
- Encendidas las lámparas. Recargados de fe, esperanza y caridad. Con grande ánimo y liberalidad.
Vigilantes porque viene y no sabemos cuando y nos lo podemos perder. La primera lectura tiene como punto focal esta afirmación: Él es nuestra paz.
Si unimos la primera lectura al evangelio, podremos decir que estar vigilantes es abrirse a Él, que es nuestra paz. Y paz lo podemos entender en tres conceptos: 1. porque reconcilió a los dos pueblos: judíos y paganos. 2. Paz porque Él es la paz con Dios, 3. porque es el conjunto de los dones mesiánicos.
Siguiendo en la primera lectura, con su alta teología de la iglesia (una especie de radiografía donde salen a la luz la estructura interna “edificados sobre el cimiento de los apóstoles) y de la unidad de ésta, utiliza estos pares de palabras contrarias: cerca y lejos (se refiere a cerca y lejos de Jesús, o estar más unidos o no a Él: decía antes que es el punto focal de la lectura, y podemos decir que de toda nuestra vida cristiana. Él es la medida); extranjeros y conciudadanos (antes éramos extranjeros (lejanos para Dios) y ahora somos conciudadanos y miembros de la familia de Dios (ésta es la cercanía). Y todo esto por el bautismo. San Pablo nos invita a tener una mirada alta, para no quedarnos en lo que vemos sino en la realidad ontológica que Cristo nos hace. Formamos parte de la Iglesia que es una comunidad de hermanos, y más adelante formaremos parte de un presbiterio. Esto no se sostiene si no tenemos esta mirada mística, hacia lo interno y la realidad que Dios está construyendo en nosotros.