miércoles, 23 de septiembre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 24 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 Lc 9,7-9: A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?


En aquel tiempo, el tetrarca Herodes se enteró de lo que pasaba sobre Jesús y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, en cambio, que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Herodes se decía:

«A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?».

Y tenía ganas de verlo.



Reflexión


Muchas veces, queremos hacernos a un Jesús a nuestra medida. Pero es imposible, siempre nos sorprenderá, es inabarcable. Con el permiso, permíteme que añada un texto de José Luis Martín Descalzo.


Espero que suscite en nosotros unas tremendas ganas de conocer y ver a Jesús. «¿Quién es este por quien tantos han muerto, a quien tantos han amado hasta la locura, de quien tantos han abusado para imponer sus dogmas personales y sus intereses? Desde hace dos mil años, su nombre ha estado en boca de millares de mártires y también -iay!- en boca de asesinos más o menos legales. Su doctrina inflamó el corazón de san Francisco de Asís y también -¡ay!-las hogueras de la intolerancia. Discípulos suyos se llamaron los santos, que abandonaron todo para seguirle, y discípulos suyos nos llamamos quienes hemos logrado -¡por fin!- compaginar su amor con el dinero. En su fe se inspira la monjita que en África abraza a los leprosos y en su fe creen inspirarse algunos que hoy toman la metralleta guerrillera y revolucionaria. A Él invocan el monje trapense que renuncia hasta a ser propietario de su palabra y el especulador que se santigua con gesto mecánico antes de festejar su último triunfo bolsístico. ¿Quién es, quién es este personaje que cruza de medio a medio la historia como una espada ardiente y que produce frutos tan opuestos de amor o de sangre, de entrega o de violencia, de locura o de vulgaridad ¿Quién es y qué hemos hecho de Él, cómo hemos usado o traicionado su voz, qué jugo misterioso o maldito hemos sacado de sus palabras? ¿Es fuego u opio? ¿Es bálsamo que cura, espada que hiere o morfina que amodorra ¿Quién es? ¿Quién es? Pienso que el hombre que no ha respondido a esta pregunta puede estar bien seguro de que aún no ha comenzado a vivir y de que no es digno de pisar sobre la tierra que esa su sombra cruza para bendición o terror. (...) Albert Schweitzer ha llegado a afirmar que todos cuantos han tratado de contar la vida de Jesús han terminado contando la de «su» Jesús y proyectando sus preocupaciones religiosas y las de su generación sobre la verdadera historia del carpintero de Nazaret. Pero ¿es que esa verdadera historia es posible? ¿No será Cristo como un prisma con demasiadas caras, tantas que nunca será abarcable por un hombre en una sola vida humana y aun por toda una generación? (...) Y..., sin embargo, habría que buscar, habría que bajar a ese pozo. ¿Con la esperanza de llegar a entenderle? No, no; sabemos de sobra que nunca llegaremos a eso. La historia de veinte siglos nos enseña que todos cuantos han querido acercarse a Cristo con sus inteligencias siempre se han quedado a medio camino. Pasó ya así cuando Él vivía. Los que estaban a cada hora a su lado tampoco le entendían. Les desbordaba. Un día les parecía demasiado Dios, otro demasiado hombre. Le miraban, querían entender su misterio. y lograban admirarle, amarle incluso, pero nunca entenderle (...). Y, sin embargo, Él es la gran pregunta que todo hombre debe plantearse, aun con la seguridad de que toda respuesta quedará a medio camino (...) Quizá la suma de todos nuestros afanes por entenderle se parezca un poco a su rostro verdadero: el rostro santo que nos hace saber que sigue valiendo la pena de ser hombre, el rostro de la santa humanidad de nuestro Dios.»

martes, 22 de septiembre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 23 DE SEPTIEMBRE DE 2026

Lc 9,1-6: Los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos.

En aquel tiempo, habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. 

Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: 

«No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno. 

Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. 

Y si algunos no os reciben, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de vuestros pies, como testimonio contra ellos».

Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.



Reflexión


No llevéis nada para el camino". Me impresiona esta frase del Maestro. Me cuestiona mucho, como hemos variado en la Iglesia la forma de entender el ministerio y la predicación. No hace falta llevar nada, sólo hace falta llevarlo a Él y llevarse a uno. Muchas veces hacemos muchas actividades, pero en las cuales, nos olvidamos de llevarlo a Él. Está claro, que todas las actividades son en su nombre. Pero, como dice el Papa en la Porta Fidei, "ya no podemos suponer la fe". Este evangelio es para mí un fuerte acicate y produce una gran reflexión sobre lo que hago y si en ello, llevo al Señor; o soy consciente de que el Señor está en lo que hacemos. Por otro lado, me parece que el texto me sugiere otra cosa: no sólo hay que llevarlo a Él, sino que también, la predicación y la misión es una entrega personal. San Pablo lo decía "deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas". No es una "misión" con unos "objetivos", es una entrega de la vida. Pidámosle al Señor que nos ayude a "caer en la cuenta" y vivirlo. 

lunes, 21 de septiembre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 22 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 Lc 8,19-21: Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.

En aquel tiempo, vinieron a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él.

Entonces le avisaron:

«Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte».

Él respondió diciéndoles:

«Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».



Reflexión


El texto que nos presenta la liturgia de hoy, de Lucas, lejos de presentar polémica con la familia de Jesús, como si parece plantear Marcos y Mateo, es ocasión de Jesús para hablarnos de la familia del espíritu.


Digo que no plantea división o polémica porque Lucas nos relata “quieren verte”. La familia es importante, pero más importante es la nueva familia.


De hecho, la palabra Iglesia se traduce como convocación, reunión. Jesús quiere recalcar que esta nueva familia, para ser verdadera familia, tiene que basarse en la escucha de la Palabra de Dios y cumplirla. Y por otro lado, la escucha de la Palabra crea un vínculo más grande.


Ya lo dijo, cuando compartimos la fe, que es lo más profundo e íntimo, la relación es más profunda, fuerte y limpia.


Y un tema muy importante es la escucha de la Palabra. En todos los lugares que nos hablan de la escucha activa salen estas características: atención plena, suspensión del juicio.


Atención plena no sólo quiere decir, que estemos atentos, sino que tengamos plena conciencia que se está diciendo para mí.

Atención plena quiere decir, que estoy dispuesto a modificar mi vida, mis costumbres, mi orientación, mis pensamientos y opciones. 

Aquello que nos decía D. Bernardo: pensar como Cristo, sentir como Cristo y actuar como Cristo.

¿Estoy dispuesto a ello?

¿Estoy dispuesto a qué la Palabra nos transforme por dentro, o quiero seguir con lo “mío”?

Entonces engendraremos a Jesús en nuestra vida. 

domingo, 20 de septiembre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 21 DE SEPTIEMBRE DE 2026

Mt 9,9-13: Sígueme. El se levantó y lo siguió.


En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:

-Sígueme.

El se levantó y lo siguió.

Y estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos.

Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:

-¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?

Jesús lo oyó y dijo:

-No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.


Reflexión


El hombre siempre ha querido controlar el futuro, o por lo menos preverlo, para minimizar las posibles consecuencias nefastas. Esa es una de las labores u objetivos de la ciencia. Comprobar las “leyes inscritas” por las cuales suceden las cosas, para poder prevenirlas o prepararse. 


Pero no podemos controlarlo todo. En otras épocas, el hombre tenía muy pocos medios y era más evidente. Ahora, “con tanta tecnología”, como se ha dicho en tantas ocasiones en estos días del volcán, sin embargo, no podemos evitar el desastre. 


Ante ello, Jesús, hoy y siempre nos dice: “Sígueme”.

Ese sígueme significa:

No cometas imprudencias y colabora con las autoridades

Ten paz

Sigue confiando en mi

Yo voy delante. 

No te angustie el futuro

Déjate llevar.


Hagamos un acto de fe, como hizo Mateo, del cual celebramos hoy la fiesta. Él no sabía a donde le llevarían sus pasos. Sólo intuyó que podía confiar en esa persona que le llamaba.  

jueves, 17 de septiembre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 18 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 Lc 8,1-3: Las mujeres iban con ellos, y les servían con sus bienes.

En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce, y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.


Reflexión


Este trozo del evangelio es un sumario donde relata algunas de las actividades que hacía Jesús y los que lo acompañaban. El evangelista comenta que algunas mujeres lo acompañaban y lo ayudaban. Esto que nos parece algo sin importancia, sin embargo, está diciendo mucho debido a la sociedad en la que vivían. 


Los maestros o rabinos, no se dejaban acompañar de mujeres. Jesús es considerado por muchos como un rabí, o maestro. Sin embargo, Jesús no actuó en muchas situaciones como los maestros de aquel tiempo. Jesús abre el horizonte a  una nueva humanidad. Todavía no hemos terminado de entender, o acoger el mensaje de Jesús, por lo que en aquel entonces y tampoco hoy, le damos la importancia, la misión a la mujer en la sociedad y en la Iglesia. El Papa insiste en darle un papel más incisivo en la Iglesia, en la toma de decisiones, en el gobierno, y no sólo en el servicio. 


Pidamos al Señor que el espíritu de Jesús vaya penetrando en nosotros para que hagamos de nuestro pequeño trozo de tierra una sociedad más justa, fraterna e igualitaria.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 17 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 Lc 7,36-50: Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor.


En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo:

-Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.

Jesús tomó la palabra y le dijo:

-Simón, tengo algo que decirte.

El respondió:

-Dímelo, maestro.

Jesús le dijo:

-Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?

Simón contestó:

-Supongo que aquel a quien le perdonó más.

Jesús le dijo:

-Has juzgado rectamente.

Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:

-¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella en cambio desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama.

Y a ella le dijo:

-Tus pecados están perdonados.

Los demás convidados empezaron a decir entre sí:

-¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?

Pero Jesús dijo a la mujer:

-Tu fe te ha salvado, vete en paz.



Reflexión


El Papa Francisco hace una distinción entre el pecado y la corrupción. Nos estamos refiriendo en un sentido espiritual. La distinción radica en la actitud, que al final es la afirmación de Jesús: el amor. El pecado es algo connatural al ser humano, somos pecadores. Sin embargo, el pecado no es algo bueno para nosotros. Nos debilita la gracia santificante. La corrupción es cuando se ha normalizado el pecado, de manera que se justifica.


Jesús nos da la clave, contraseña, llave para el perdón de los pecados: el amor. El amor a Dios, que trae consigo el aborrecimiento del pecado y un mayor deseo de Dios, su voluntad, sus mandatos, etc.


Esta mujer, aún teniendo muchos pecados, por su mucho amor, le son perdonados todos. Sin embargo, los pecados del fariseo que serían menores que los de la mujer, tendrán menor justificación porque ha amado menos. 


Claro está, Dios es misericordia y esa llave sólo se abre cuando hay un resquicio al menos de amor. Cuando hay deseo de Dios a pesar del pecado. 


Sin embargo, muchas veces, el pecado nos lleva a no desear a Dios porque no nos sentimos dignos, pero más bien es porque no nos perdonamos a nosotros. Porque nunca somos dignos de Dios, aunque Él si nos ahorra ese camino.


En definitivas cuentas, el amor es la llave que abre todas las puertas de Dios: porque es la llave de la fe y de la esperanza. 

martes, 15 de septiembre de 2026

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 16 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 Lc 7,31-35Hemos tocado y no habéis bailado, hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado

En aquel tiempo, dijo el Señor: -¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: «Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.» Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores». Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón. 

Reflexión

Hay evangelios a los que es más difícil poder entender lo  que Dios nos quiere comunicar. Creo que podemos entenderlo el de hoy en razón de la dureza del corazón. Son una generación cerrada, impermeable. En Cuaresma, cuando invocamos por activa y por pasiva a la conversión, pedimos al Señor que nos dé un corazón de carne y que nos cambie este que tenemos de piedra. Mientras nuestro corazón esté endurecido por la soberbia, por el "bastarnos a nosotros mismos", Dios no podrá entrá en nosotros, ni darnos su gracia. Por eso, no entendieron a Juan el Bautista, ni a Jesús. Igual nos puede pasar a nosotros. Tenemos que tener un corazón de "niños" para estar abiertos y dejarnos sorprender por Dios.