Lc 8,19-21: Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.
En aquel tiempo, vinieron a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él.
Entonces le avisaron:
«Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte».
Él respondió diciéndoles:
«Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Reflexión
El texto que nos presenta la liturgia de hoy, de Lucas, lejos de presentar polémica con la familia de Jesús, como si parece plantear Marcos y Mateo, es ocasión de Jesús para hablarnos de la familia del espíritu.
Digo que no plantea división o polémica porque Lucas nos relata “quieren verte”. La familia es importante, pero más importante es la nueva familia.
De hecho, la palabra Iglesia se traduce como convocación, reunión. Jesús quiere recalcar que esta nueva familia, para ser verdadera familia, tiene que basarse en la escucha de la Palabra de Dios y cumplirla. Y por otro lado, la escucha de la Palabra crea un vínculo más grande.
Ya lo dijo, cuando compartimos la fe, que es lo más profundo e íntimo, la relación es más profunda, fuerte y limpia.
Y un tema muy importante es la escucha de la Palabra. En todos los lugares que nos hablan de la escucha activa salen estas características: atención plena, suspensión del juicio.
Atención plena no sólo quiere decir, que estemos atentos, sino que tengamos plena conciencia que se está diciendo para mí.
Atención plena quiere decir, que estoy dispuesto a modificar mi vida, mis costumbres, mi orientación, mis pensamientos y opciones.
Aquello que nos decía D. Bernardo: pensar como Cristo, sentir como Cristo y actuar como Cristo.
¿Estoy dispuesto a ello?
¿Estoy dispuesto a qué la Palabra nos transforme por dentro, o quiero seguir con lo “mío”?
Entonces engendraremos a Jesús en nuestra vida.