miércoles, 15 de septiembre de 2021

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 16 DE SEPTIEMBRE DE 2021

 Lc 7,36-50: Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor.


En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo:

-Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.

Jesús tomó la palabra y le dijo:

-Simón, tengo algo que decirte.

El respondió:

-Dímelo, maestro.

Jesús le dijo:

-Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?

Simón contestó:

-Supongo que aquel a quien le perdonó más.

Jesús le dijo:

-Has juzgado rectamente.

Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:

-¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella en cambio desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama.

Y a ella le dijo:

-Tus pecados están perdonados.

Los demás convidados empezaron a decir entre sí:

-¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?

Pero Jesús dijo a la mujer:

-Tu fe te ha salvado, vete en paz.



El Papa Francisco hace una distinción entre el pecado y la corrupción. Nos estamos refiriendo en un sentido espiritual. La distinción radica en la actitud, que al final es la afirmación de Jesús: el amor. El pecado es algo connatural al ser humano, somos pecadores. Sin embargo, el pecado no es algo bueno para nosotros. Nos debilita la gracia santificante. La corrupción es cuando se ha normalizado el pecado, de manera que se justifica.


Jesús nos da la clave, contraseña, llave para el perdón de los pecados: el amor. El amor a Dios, que trae consigo el aborrecimiento del pecado y un mayor deseo de Dios, su voluntad, sus mandatos, etc.


Esta mujer, aún teniendo muchos pecados, por su mucho amor, le son perdonados todos. Sin embargo, los pecados del fariseo que serían menores que los de la mujer, tendrán menor justificación porque ha amado menos. 


Claro está, Dios es misericordia y esa llave sólo se abre cuando hay un resquicio al menos de amor. Cuando hay deseo de Dios a pesar del pecado. 


Sin embargo, muchas veces, el pecado nos lleva a no desear a Dios porque no nos sentimos dignos, pero más bien es porque no nos perdonamos a nosotros. Porque nunca somos dignos de Dios, aunque Él si nos ahorra ese camino.


En definitivas cuentas, el amor es la llave que abre todas las puertas de Dios: porque es la llave de la fe y de la esperanza. 

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