Jn 3,13-17: Tiene que ser elevado el Hijo del hombre.
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él».
Tiene que…Otra vez vemos esta expresión. También la vimos en el fin de semana.
En este caso, San Juan va más allá y en su simbología, la elevación en la cruz es la glorificación.
San Juan compara cuando la serpiente atada en el palo y elevada curaba a las personas mordidas por ésta. Siguiendo la misma simbología, Jesús elevado en la cruz nos cura a nosotros de lo mismo por lo cual fue crucificado: el pecado.
Es elevado sobre nuestras cabezas el Emmanuel, el Dios-con-nosotros.
Es elevado sobre nuestras cabezas el amor de Dios.
Es elevado sobre nuestras cabezas la misericordia de Dios
Es elevado sobre nuestras cabezas el perdón de Dios.
Es elevado sobre nuestras cabezas la confianza radical de Jesús en su Padre.
Es elevado sobre nuestras cabezas el camino elegido por Jesús sobre el camino de Barrabás, Judas, etc.
Es elevado sobre nuestras cabezas el poder de Dios.
Es elevado sobre nuestras cabezas la vida que renace de la muerte.
Por eso, démosle gracias a Dios porque “el Hijo del hombre tiene que ser elevado”.
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