Nos hemos reunido esta tarde para la entrada en la parroquia de D. Rubén como párroco de esta parroquia, Nuestra Señora de los Remedios, parroquia matriz de este valle tan fructífero, tan acogedor, pero tan castigado en este último año.
Vienes para continuar la obra de D. Fernando después de tantos años y de D. Marino. Es verdad que en esta comunidad no están tan acostumbrados a los cambios como en otras que en el mismo período en el que han estado 3 párrocos, han tenido 10 o más.
Ello puede provocar añoranzas, cosa normal, cuando queremos a la persona que se fue, porque ha convivido con nosotros, CONVIVIDO, es decir, ha compartido la vida, porque la fe se inscribe y asienta en la vida cotidiana de cada uno de nosotros.
Por ello, para desarrollar esta reflexión de este día grande para esta comunidad utilizaré tres verbos:
El primero referido a la comunidad. ACOGER. En el nombramiento nos exhorta a que tengamos “al referido sacerdote por tal cura párroco y le guarden la consideración correspondiente a su persona y ministerio”
El término en el diccionario de la RAE nos dice que acoger es: Admitir en su casa o compañía a alguien; 2. tr. Servir de refugio o albergue a alguien; 3. tr. Admitir, aceptar, aprobar.
Por tanto, se nos pide que admitamos en nuestra casa que es nuestro corazón a Rubén, que aceptemos, que aprobemos. Y es lo propio.
En este mundo tan acelerado, muchas veces vienen los currículum, las vidas, obras y milagros de las personas, incluso los defectos, antes de que venga la persona, antes de que los conozcamos.
Acoger es empezar de cero, es aceptar en toda su persona.
Por ello, todo aquello que implique comparación, referencia a otros, a un modelo determinado, está lejos de ser la actitud de acogida necesaria.
Cada uno es cada uno, cada uno tiene su forma de ser, sus inclinaciones, sus sensibilidades, sus virtudes, sus defectos, sus empatías. Lo acogemos porque es un regalo de Dios. Como decía el cura de Ars, el sacerdote es un regalo del corazón de Cristo.
Se nos pide acoger a la persona y sobretodo a su ministerio. Es un ministerio particular: párroco.
Párroco es el pastor propio de una comunidad. Pastor al estilo de Jesús, pastor según el corazón de Cristo. Es el pastor enviado en nombre del Señor. Y esto es muy grande. A través del ministerio del obispo, el mismo Jesús nos lo envía.
Acoger es orar por él, por sus intenciones, por su ministerio, por su guía de esta comunidad. Ya lo tenemos que incluir en nuestras oraciones, igual que en cada Eucaristía incluimos al Papa y al obispo.
Por ello, nadie mejor que el párroco. No estamos en una Iglesia de individualidades, donde me gusta aquel cura como predica, el otro como confiesa y así a la carta.
Hay un envío, un ministerio y una gracia particular. Me decía una persona en una parroquia que tuve hace años, buscando un cura que predique para una fiesta: no nos interesa que venga nadie, queremos que nos hable usted, que es nuestro párroco.
También otra persona que fue a visitar a un antiguo párroco y dijo que ya no le sentía como su pastor, aunque le apreciaba.
Los caminos de Dios son así. Cada uno en su momento, Dios los ha puesto por algo. Por ello, nadie mejor que el párroco.
Valorar su ministerio que tiene una gracia particular para poder santificar, predicar y guiar a esta comunidad.
Ser párroco es muy difícil, nos dicen los misioneros alabándonos a nosotros, porque se tienen que hacer a todos, a todas las personas, todas las realidades. Es como un director de orquesta, que tiene que ir señalando a cada uno su momento para entrar en acción, saber conjugar los distintos instrumentos, e incluso conseguir de cada uno lo mejor. Formando una armonía, entorno al director. Es el director quien va liderando los compases, pero son los instrumentos los que van aportando sus sonidos formando una gran y bella armonía.
Por otro lado, la parroquia no se tiene que amoldar al cura, sino el cura a la parroquia.
El segundo verbo se lo pido a Rubén, que no es nuevo para ti, incluso tienes más experiencia que yo. Pero permíteme, que como compañero, te puedo invitar a fijarte en él: ACOMPAÑAR.
Acompañar es uno de los verbos más utilizados en la Iglesia junto con Discernir. Es tomar conciencia de que estamos en camino, cada uno a su ritmo, y como dice el Papa, algunas veces el pastor va delante liderando el avance, otras, detrás para ayudar a las rezagadas y otras en el medio, porque el sacerdote puede ser un agente de unidad en el pueblo. Es la forma de liderazgo que tiene el Papa. Un liderazgo centrado en los demás. Acompañar es más que estar. Es estar en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad.
Después de dos años de pandemia, y sobretodo de un volcán, la gente necesita sentirse acompañada. Alguien que viene de fuera, no quemado por la situación, sino fresco estrenando ministerio, con toda la unción de la nueva encomienda.
Muchas personas de los barrios más afectados, ahora viven entorno a tu parroquia. Que se sientan acogidos, queridos y acompañados. Y toda la comunidad parroquial.
El tercer verbo es SINODALIDAR. Es un verbo inventado por mi. Este tercer verbo también para ti, Rubén. Es la palabra de moda en la Iglesia. El Papa nos la quiere meter hasta en la sopa. Es una forma de hablar, dado que en verdad, debería ser nuestra marca de identidad. Nuestra forma de trabajar, nuestra forma de ser, nuestra forma de pensar. Siempre sinodaliamente (otra palabra inventada). La Iglesia no es otra cosa. La sinodalidad vivida. Sinodalidar viene de sínodo, que significa: “caminar juntos” (para la gente que no habrá oído la palabra).
Aquí en La Palma tenemos oportunidades inmensas para trabajar sinodaliamente: las reuniones semanales del arciprestazgo, y las quincenales insulares. Somos pocos curas en la isla, por lo que es más fácil trabajar. Pero desgraciadamente, no creemos en la sinodalidad, sino en nuestro chiringuito, en nuestro reino de taifas.
Te invito e invito a los demás compañeros, a los fieles, y sobre todo, A MÍ, a ir abriendo horizontes para poder vivir la sinodalidad en todos los aspectos. Ahora mismo el Espíritu nos está empujando por unos caminos de la sinodalidad que no hemos transitado, que no conocemos.
La pandemia nos ha hecho encerrarnos más en nuestros grupos, parroquias.
Ahora que no tenemos restricciones, tenemos que recuperar con nuevos bríos, todos los ámbitos de comunión o sinodalidad.
Rescatar los consejos, las coordinadoras, los encuentros comunes. Esta parroquia, la que tiene más población, la matriz de todas las del Valle, puede ser un motor que acompañe a las otras, que quizá llevan un año caminando a dos velas.
Ser Iglesia es principalmente caminar juntos. De los primeros cristianos se decía: “Mirad como se aman!. Mirad como están dispuestos a morir el uno por el otro” (TERTULIANO, Siglo II)
Tenemos el ejemplo luminoso de Cáritas en nuestro arciprestazgo, una de las luces más grandes que tenemos. Hemos crecido muchísimo. Tenemos bastantes técnicos trabajando en distintos proyectos: la UMAC, Empleo Mila y la Emergencia. Pero sobretodo, ha crecido como una gran familia. Y es un referente en toda la provincia. Siempre en Cáritas hemos apostado por la formación común de los dos arciprestazgos, que después de dos años, volvemos a proponer a los voluntarios y técnicos. El Señor me ha regalado ser testigo de este crecimiento y conversión. Y yo estoy muy orgulloso de ellos.
Que La Virgen de los Remedios, la Patrona del Valle, nos lleve por los caminos que Dios quiera conducirnos y que te bendiga a ti en tu ministerio. Amén.
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