Jn 15,1-7: Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará».
Hoy que celebramos a San Isidro, la Iglesia nos presenta unas lecturas que tienen que ver con el mundo del campo.
En la primera lectura, del libro de Santiago, se nos invita a tener la paciencia que tienen los agricultores con los frutos. De ellos no depende el fruto ni la cosecha, sino de controlar los medios, el ambiente, la tierra.
Y Santiago hacía esta comparación para hablarnos de la paciencia por la venida del Señor y yo me atrevo también a compartir, por la obra del Señor en nosotros. Dios tiene sus medios, sus momentos y sus tiempos, y éstos no coinciden con los nuestros. Pero lo que está claro, es que Dios siempre actúa. Por ello, la paciencia se transforma en esperanza, porque espera en el Señor.
El evangelio es tan rico y tan sugerente. Nos invita a estar siempre unido al Señor, para poder dar fruto.
Unido a lo anterior, podemos despistarnos en nuestro trabajo de agricultores (discípulos misioneros), de estar unidos a Él. Es decir, podemos convertirnos en misioneros solamente olvidando que los misioneros son también discípulos; y los discípulos son también misioneros. No existen discípulos no misioneros, ni misioneros no discípulos.
La fiesta de San Isidro es un día bonito para volver entrar de lleno en el camino del seguimiento y la confianza en Dios.
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